Tenía en una lista eterna la lectura de “El túnel”. Un día llegó a mis manos y aun así me demoré hasta que mi abuelo tomó la iniciativa al verlo por ahí. Apenas ocurrió eso, supe que era hora de darle una oportunidad a Juan Pablo Castel y escuchar cómo entre frases me decía que era un incomprendido; porque ni Juan Pablo entendía a los demás ni creía que alguien entendiera su sentir y pensar ni mucho menos la ventanita en su cuadro. 

En todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en el que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Ernesto Sábato

Reseña de “El túnel”, una novela sobre la soledad – Revista Enredarte
Ernesto Sábato, gran escritor argentino del siglo XX. (Imagen tomada de Internet)

Nuestro protagonista nos advierte lo que va a pasar: contará la historia del asesinato que cometió contra la mujer que más lo conocía, María Iribarne, la que tal vez caminaba en el túnel de al lado. El túnel es el símbolo guía de la narración: el desencadenante de esta historia es la profunda soledad, aquella que significa la extrañeza en medio del montón. 

Pero, ¿por qué esa manía de querer encontrar explicación a todos los actos de la vida?. Ernesto Sábato

Reseña de “El túnel”, una novela sobre la soledad – Revista Enredarte
(Imagen tomada de Internet)

Desde fuera logramos ver el mundo de paranoia, alucinaciones y lamentaciones que construyó Juan Pablo, el túnel de soledad que envolvía su vida. De la “señorita Iribarne” solo conocemos sus acciones, sin conseguir adentrarnos en sus pensamientos y en el porqué de su actuar en el transcurso de la relación tóxica y agresiva que llevaban. Conocer mucho del uno y poco de la otra se debe a la extraordinaria narración en primera persona que Ernesto Sábato realiza, pues en todo momento existe la sensación de estar frente a Juan Pablo Castel en una visita en la cárcel.