Un agosto en Charalá: escritura y reescritura

Por: Laura Gabriela Castro González

Fotografía: Hillary Zárate

-Todos los días tenía que escribir algo, así fuera una palabra, una coma…tenía que hacerlo.

Es así como este joven santandereano inicia toda una inmersión para empezar a escribir su obra. Esta es una parte que a mí me interesa mucho, y es todo lo que tiene que ver con el proceso de escritura. Lo primero fue elegir el tema entorno al que giraría la historia. Usualmente, las historias se cuentan desde el punto de vista de los grandes próceres, dejando de lado personalidades que también tuvieron una participación activa. Entonces, decidió que su obra sería sobre una familia charaleña. Una familia de una madre, viuda de un padre insurrecto, a cargo de un niño mayor y una niña menor, una elección que se convierte en un homenaje a su propia madre y a todas las madres cabezas de hogar que darían lo que fuera, hasta la vida, por sus hijos. La historia se narra a través de la familia Rivera, pero también del cura, los soldados españoles, los campesinos y demás habitantes del pueblo, pues todos ellos cumplieron un papel fundamental en lo que pasó ese 4 de agosto. Fueron semanas de arduo trabajo investigando, escribiendo, imaginando, creando todos los días, hasta que obtuvo un primer borrador.

Ya con la primera versión lista, llegó a la sede del Teatro UIS para leerlo junto a los actores y el maestro. Fue, según Jonathan, una de las mejores y más enriquecedoras experiencias de su vida artística. La lectura fue terriblemente aburrida para todos, sin excepción, y el maestro, con la sutileza que lo caracteriza, hizo una frase muy interesante que el joven dramaturgo jamás olvidará: “Es que esta obra que hizo este man como documento histórico es maravillosa, pero como obra de teatro es una mierda”.

Sin duda, quedaba mucho trabajo por hacer. Escuchando todas las observaciones del maestro y sus compañeros, a Jonathan la cabeza le trabajaba a mil revoluciones por minuto, se le ocurrían cosas y cosas nuevas y duró toda la siguiente semana reescribiendo sin descanso. Finalmente, con un nuevo documento totalmente diferente, se presentó por segunda vez en la sede de ensayos del Teatro UIS y, por fortuna, esta versión fue recibida con un abrazo. Era hora de empezar el montaje.

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